Pocas horas después de haber sido liberado del campo de concentración de Dachau por los soldados americanos —mis compatriotas— tuve conocimiento de que Adolf Hitler había contraído matrimonio aquel mismo día, 29 de abril de 1945, con una tal Eva Braun. La coincidencia de fechas —que no fue tal coincidencia, pues, como veremos a lo largo de esta obra, el casamiento se celebró mucho antes— nunca dejó de intrigarme, y suscitó en mí una profunda curiosidad hacia Eva Braun, sobre todo porque en el período en que estuve acreditado como corresponsal de guerra en Berlín, al servicio de la Prensa entonces neutral, mi ignorancia respecto a esa mujer era absoluta, y ello pese a mi agresiva curiosidad, que me acarreó el tributo más elevado de los satisfechos por el conjunto de periodistas y miembros del cuerpo diplomático, pues me valió ser internado en Dachau. Un casamiento, aun cuando sea in extremis, es un hecho humano. ¿Quién era esa Eva Braun que había persuadido al «demonio de Berlín» a tomar una decisión tan paradójica?Mas ¿por qué abordar el personaje de Eva Braun? El mundo debiera ya saber todo lo concerniente a ella. Yo mismo he leído más de cinco mil artículos sobre el tema, al que historiadores notorios han aludido más o menos someramente. ¿Se trata, pues, de otra incursión en el periodismo sensacionalista?
La respuesta debe buscarse en el hecho de que Eva Braun ha sido la gran desconocida de la reciente historia del Tercer Reich. Tanto los aludidos cinco mil artículos, como los tratados de historia general o especial que se ocupan del personaje, son sumamente inexactos. Y me permito afirmarlo porque soy autor de varios de esos cinco mil artículos, circunstancia que no deja de avergonzarme, ya que su falsedad es evidente. Ciertamente, podría aducirse en mi favor que en aquel entonces yo era tan sólo un periodista entregado a la investigación superficial de uno de los secretos mejor guardados del régimen hitleriano. Pero los que más contribuyeron voluntaria, intencional y perversamente a la desfiguración de los hechos, y que cabe considerar, por tanto, como los verdaderos responsables, fueron los Speer, los Hoffmann, los Schirach; aquellos que lo debían todo —riqueza, gloria y poder— al hombre que Eva Braun había amado, tal vez equivocadamente, pero con indudable sinceridad.
Hitler y Eva Braun
Un amor maldito
Autor: Nerin E Gun
ISBN: 8402038069
Publicador: Editorial Bruguera S. A. - 1974
Pag: 310
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